Daniel Emilio Pacheco

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El II Encuentro de Editores Iberoamericanos realizado esta semana en el Centro Cultural de España ofrece la oportunidad para reflexionar sobre el futuro del libro y la lectura en tiempos de Internet. Al observar el programa de dicho encuentro, pudo atestiguarse el énfasis autoafirmativo del acto: más de 60 editoriales que ofertaron un millar de títulos a los posibles lectores y un llamado a multiplicar la actividad del editor. Apenas se perfiló el tema de la edición electrónica.

Como pocas veces en las últimas décadas, la situación del libro y la lectura en América Latina presenta un panorama de mayor ventaja para el consumo de productos impresos respecto de España. En lo que va de 2012, las ventas de libros allá han caído en más del 20 por ciento.

Los libros más vendidos este año en España sólo venden la mitad de lo que vendían el año anterior, y la industria editorial mantiene sus números rojos desde cuatro años atrás (I. Martín Rodrigo, “La industria editorial española se desangra”, abc.es, 11 de mayo de 2012). La grave crisis económica y el desplome del poder adquisitivo presentan un panorama incierto, a lo que se añade cierto desinterés peninsular por el libro electrónico.

En contraste, y de acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM), en la edición de 2010-2011 se registró un total de 143,250 títulos y 138,607,058 ejemplares vendidos, con un valor de facturación de 8,907 millones de pesos. A su vez, el total de libros vendidos admitió un incremento de 7.4 por ciento con respecto a 2009, mientras que la facturación creció en 8.1 por ciento. Algo semejante a lo que acontece en Argentina, cuya proyección de venta ascendente anual para el 2012 se ha estimado en el orden del 3.2 por ciento (Global Entertainment and Media Outlook 2008-2012/ PricewaterhouseCoopers). En Brasil y Colombia se vive también una situación positiva para la venta del libro impreso.

Es interesante contrastar el panorama optimista de la industria editorial de México y América Latina con el auge paralelo del espacio transmediático y la cifra difundida en fecha reciente por la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI) acerca de que ya hay en México 40.1 millones de internautas. Asimismo, las actividades que los usuarios realizan son, ante todo, la búsqueda de información (29%), el correo electrónico (28%) y, en tercer lugar, las redes sociales (17%). En síntesis, el utilitarismo de Internet se vuelca en la comunicación ubicua, simultánea, en “tiempo real” y bajo un dinamismo insólito, cuyas derivaciones en la esfera política son tan asombrosas por la capacidad organizativa que pueden cobrar al instante como difíciles de prever hacia el porvenir en términos de permanencia participativa en la realidad.

Las características de la investigación de la AMIPCI, patrocinada por Televisa, impiden conocer el papel que la lectura o el libro implica para los internautas, que en 60% son menores de 24 años. Puede conjeturarse que para dichos internautas la lectura y sus nuevas modalidades multimedia, que desde un punto de vista negativo podrían definirse como des-lectura y, desde un enfoque positivo, como trans-lectura, se ubica en la franja de actividades llamada “búsqueda de información”, donde la sinergia entre la letra, la imagen, la síntesis visual, las posibilidades de las pantallas tangibles, la infografía y los flujos interconectados de la información alientan consideraciones alternas de convergencia para el libro impreso y las nuevas tecnologías o plataformas comunicativas, más allá del concepto del e-libro. Ante todo esto, se requiere menos autocomplacencia editorial y una mayor capacidad de innovación creadora.

Sergio González Rodríguez. Reforma.

Acaba de publicar “Los hijos de los días”, un libro-calendario con 366 historias que conforman un caleidoscopio histórico que va desde Adán y Eva a las islas Malvinas, pasando por las pesadillas de Macarena Gelman. A pocos días de su visita a la Feria del Libro de Buenos Aires, el escritor uruguayo recuerda a Soriano y habla de sus obsesiones: el racismo y el militarismo.

“Uno siempre tiene orgullo de sus hijos pero a veces los querés agarrar del cuello”, dice Galeano sobre un libro como “Las venas abiertas de América Latina”.

Así escribe: Los hijos de los días

Sentado en su mesa de siempre del Café Brasilero, un boliche que desde 1877 tiene en cada uno de sus rincones el murmullo poético de los hombres que creen en quimeras, el escritor uruguayo Eduardo Galeano conversó con Ñ de su trabajo más reciente: Los hijos de los días, un libro-calendario con 366 historias que se escapan de las convenciones literarias y componen un caleidoscopio histórico que va desde Adán y Eva a las islas Malvinas, pasando por las pesadillas de Macarena Gelman a los sueños de Rita Levi Montalcini.

Entre uno y otro café, el autor de Las venas abiertas de América Latina dejó que sus palabras se confundieran con el silencio y buscó que fueran los gestos los que encontraban una respuesta para hablar de esos amigos entrañables que ya no están pero que todavía gambetean en su memoria como si fuesen derecho al arco: algunos metiendo un gol en el ángulo y otros mordiendo el polvo de un penal que nunca le cobraron.

Así, de a ratos, Galeano fue recordando a Osvaldo Soriano y Haroldo Conti; fue hablando de la revista Crisis y de sus largos años en el exilio, en el que parió su trilogía Memoria del fuego. Juntando las puntas de sus dedos una y otra vez, como si estuviera subrayando sobre la mesa cada una de sus ideas, este hombre de 71 años de edad fue remarcando sin vacilaciones sus obsesiones, poniéndole nombre propio a esos personajes que la historia oficial ha olvidado sistemáticamente pero que para él son los verdaderos e imprescindibles protagonistas de la historia.

Con una sonrisa que en su rostro no hace más que dibujar el goce que siente por la vida, el autor de El libro de los abrazos se mostró tal como es y abrazó con su mirada todo lo que le rodeaba, entrecerrando sus ojos intensamente celestes apenas una o dos veces, como si de lejos le llegara la música que un viejo organillero toca desde alguna plaza de Ciudad Vieja y que a él le traen historias para contar y ser contadas.

-Si bien viaja seguido a Buenos Aires, la Feria del Libro no es un lugar que lo tenga como habitué. ¿Qué lo tentó a viajar ahora?

-Es verdad, hace mucho tiempo que no voy a la Feria y no recuerdo cuánto hace de eso. ¿Qué me tentó? No lo sé. Creo que esto mismo, esto de no ir hace mucho tiempo porque, por lo demás, es decir por mi contacto o comunicación con los argentinos, con los lectores argentinos y con toda la gente, eso que llaman público, que es una palabra complicada de usar porque parece que uno estuviera vendiendo un espectáculo y no es así, siempre ha sido excelente y muy intensa, muy verdadera. El año pasado, por ejemplo, estuve en Tucumán, Jujuy y otros lugares y fue realmente increíble, porque tuve la sensación, y además sentí, que las palabras pueden tener dedos, es decir, que tocan a quien las lee y que esa relación casi física de la palabra con el lector vibra con mucha intensidad. Esto lo siento cada vez que cruzo el charco y me reencuentro con ese país que también siento que es mío.

-¿Por qué?

-Por muchas cosas, pero al fin y al cabo por una experiencia que para mí fue formidable: la revista Crisis, que fundé y dirigí casi hasta el final. Con Crisis queríamos demostrar que la cultura popular existía, que la cultura no era la que las voces del poder señalaban como tal sino que era otra cosa con fuerza propia y que lograba expresar una memoria colectiva.

-Crisis no fue sólo una revista cultural emblemática sino también una revista cultural que se vendía y mucho.

-Algo que era raro, sí. Es cierto, Crisis se vendía muchísimo y no te miento si te digo que llegamos a vender más de 35 mil ejemplares. Eso fue antes de que la crisis económica se llevara por delante a la revista Crisis. En un punto se hizo insostenible seguir adelante porque el precio del papel impreso no compensaba el costo del papel desnudo. Parece mentira que una revista que daba superávit y que pagaba sueldos decorosos a un equipo muy mínimo de gente no se pudiera bancar más. Pero así fue y así se fue una de las más lindas funciones que tuve y que muchos teníamos: reivindicar una manera de promover la cultura, una manera que no era la tradicional. Como dije recién, en Crisis creíamos que la cultura era una forma de comunicación o no era nada, por lo tanto, de lo que se trataba era de comunicarse.

-Pero comunicarse implica un ida y vuelta. ¿Eso lo logró?

-Sí, porque nosotros no sólo escribíamos para ser leídos, también tratábamos de recoger las voces de la calle y de la realidad y en eso sí que hubo idas y vueltas. Mientras la revista duró sus 40 números, que por cierto dejaron una huella dentro y fuera del país, lo logramos. Fue una experiencia exitosa, porque pudimos darle su espacio a las voces jamás escuchadas o rara vez escuchadas. Por eso siempre digo que discrepo con mis buenos amigos de la Teología de la Liberación cuando dicen que quieren ser la voz de los que no tienen voz. Eso no es así. Todos tenemos voz y algo que decir, algo que merece ser escuchado, celebrado o perdonado por los demás.

-¿Qué compañero de aquel equipo recuerda ahora?

-Haroldo Conti, mi hermano del alma, con quien compartí un barquito en el Tigre. De hecho tenía la llave de su casa en la isla. A Conti que, como se sabe ahora, fue secuestrado, torturado y asesinado por la dictadura. Lo deshicieron en la tortura y después lo arrojaron al agua. Conti, que había sido el gran escritor del río, terminó comido por los tiburones.

-¿Y Osvaldo Soriano? Se lo pregunto porque hace muy poco se cumplieron los 15 años de su muerte y sé que fueron amigos.

-Sí, un amigo entrañable. El Gordo era una maravilla. Nos entendíamos riendo. Soriano, además de ser un espléndido escritor dotado con una gran capacidad de comunicación, algo que para algunos académicos resultaba pecaminoso, era un tipo muy querido y querible. No había quien no lo adorara al Gordo.

-¿Pero, en cierto modo, esa popularidad no lo lastimó un poco a Soriano? No él a sí mismo, pero el marketing que las editoriales montaron sobre su figura.

-Sí, lo lastimó, pero no un poco sino mucho. El éxito le hizo daño al Gordo. Pero no porque él escribiera para vender o para ser exitoso sino porque empezó a firmar contratos esclavistas que lo obligaban a entregar un libro nuevo en una fecha determinada y con determinadas páginas. Eso que para él había sido un placer, me refiero al hecho de escribir, se fue convirtiendo en un deber. Eso le minó la salud. Pero bueno, para mí será siempre aquel amigo con el que nos quitábamos la palabra para ver quién mentía mejor y con más ganas.

-Y para ver quién sabía más de fútbol, ¿no? ¿Es cierto que nunca lo pudo llevar a los partidos que Crisis hacía contra otros escritores?

-Es cierto. Nunca pude convencerlo de ir, sobre todo por el horario, porque el Gordo vivía de noche y escribía de noche. A las diez de la mañana, que era cuando nos juntábamos, todos los miércoles, en una canchas de Palermo, el Gordo se iba a dormir. Para él esa era una hora pornográfica. Fue una pena que el Gordo no pudiera integrarse a esas parrandas. Pero vivir de noche le servía de coartada para que nunca nadie lo viera jugar, por más que él contaba sus hazañas, que eran como las de Messi hoy.

-Nadie lo vio jugar, pero cómo le gustaba y escribía sobre fútbol.

-Fue una pasión que compartimos mucho, a tal punto que una vez me hizo una trampa. Cuando escribí El fútbol a sol y sombra él quería que pusiera que el mayor goleador de toda la historia del fútbol argentino había sido José Sanfilippo, jugador de San Lorenzo, el equipo del Gordo, y también de Nacional, que era mi equipo. Soriano decía que aquello era un justo homenaje. Pero el tema es que no era verdad. El mayor goleador había sido, en aquella fecha cuando se publicó el libro, el paraguayo Arsenio Erico, que metía más de cuarenta goles por temporada. El punto es que el Gordo me tendió esa trampa para ver si yo caía y por suerte no caí. Después se mataba de la risa.

-Pero en ese libro hay un texto de Soriano, ¿no?

-Sí, y creo que es la mejor página del libro. Se trata de una carta que él me escribe contándome, justamente, un gol de Sanfilippo, un gol imaginario, porque se trata de un gol en medio de un supermercado, que es en lo que se transformó la cancha de San Lorenzo. En la carta, el Gordo cuenta cómo Sanfilippo elude góndolas y termina haciendo un gol donde están las cajas. Es un texto lindísimo y para mí es lindísimo que ese libro haya querido también ser suyo.

-¿Por qué “Los hijos de los días”, su libro más reciente, tiene la forma de un calendario? ¿Esta estructura no lo condicionaba un poco?

-El título tiene que ver con El Génesis según los mayas, quienes dicen que el tiempo funda el espacio. “Y los días se echaron a caminar. Y ellos, los días, nos hicieron. Y así fuimos nacidos nosotros, los hijos de los días, los averiguadores, los buscadores de la vida”. Eso es lo que escribí a modo de introducción. En este sentido los mayas no se equivocaron. Yo creo que fuimos nacidos hijos de los días, porque cada día tiene una historia y nosotros somos las historias que vivimos, las que imaginamos, las que nos esperan. A partir de creer en esto surge luego el formato, la estructura libro-calendario, que en parte sí me encadenó a una forma pero no al ángulo que podía darle a cada historia. Siempre digo como ejemplo que, visto desde el punto de vista de una lombriz, un plato de espaguetis es una orgía. En Los hijos de los días hay una estructura fija pero que varía según el foco de cada historia. Cuando tuve claro que era una idea que servía y que podía convertirse en un libro, las historias empezaron a llegar solas, tocándome la espalda para que las contara.

-¿Pero la historia del 29 de febrero le tocó la espalda o la tuvo que buscar a sol y sombra?

-Eso está bien, porque todavía no dijimos que el libro tiene 366 historias y no 365. Esto fue más por cábala que por otra cosa, porque sentí que me iba a dar más suerte si lo hacía bisiesto, como el año en el que estamos.

-Pero insisto, el 29 de febrero es un día raro y rara debe haber sido la búsqueda de esa historia…

-Es un día raro porque tiene la manía de fugarse del almanaque cada cuatro años. Pero sí, lo confieso, no fue fácil encontrar una historia que ocurriera un 29 de febrero. Ahora, mirá cómo son las cosas que la encontré de pura casualidad leyendo un libro de la historia del cine. Releyendo algo del año en el que yo nací, 1940, que también era bisiesto, encontré que Hollywood había otorgado ese día casi todos los premios Oscar, ocho en total, a la película Lo que el viento se llevó , que es claramente una película racista o al menos un himno de nostalgia por la esclavitud perdida. Para mí, en ese día raro, no fue raro que Hollywood continuara con su tradición racista en el cine, ya que el primer gran éxito del cine mudo estadounidense fue la película El nacimiento de una nación , realizada por David Griffith, quien cuenta el nacimiento de Estados Unidos, claro está, pero que en el fondo se trata de un himno al Ku Klux Klan. Fijate que en la misma época en que colgaban a los negros de los árboles por el delito de haber mirado a una mujer blanca, Griffith estrena en la Casa Blanca The Birth of a Nation , una película cuyos textos de subtítulos fueron escritos por el mismísimo presidente de los Estados Unidos, el señor Woodrow Wilson, un tipo al que se veneraba como un campeón de la libertad, un tipo que decía que Dios había enviado al Ku Klux Klan para salvar a la civilización occidental y cristiana que estaba siendo amenazada por la libertad de los negros.

-El racismo, el machismo, el militarismo… hace tiempo que estos temas se han vuelto obsesivos en su obra y en “Los hijos de los días” no se quedan atrás.

-Sí, son mis obsesiones, porque el machismo, el racismo, el elitismo, el militarismo y otros ismos nos han ido dejando ciegos de nosotros mismos. Ignoramos la plenitud de la belleza que nos rodea. Siempre digo lo mismo: tenemos que recuperar el arco iris terrestre, que para mí es lo más importante de todo, porque tiene muchos más fulgores y colores que el arco iris celeste. El arco iris terrestre somos tú y yo, somos todos nosotros, los humanitos, un arco iris mutilado por todo esto que hablamos, el machismo, el elitismo o el militarismo, que hoy por hoy se refleja en un hecho muy concreto: el mundo está destinando tres millones de dólares, por minuto, a la industria militar, que es el nombre artístico de la industria de la muerte, mientras que al mismo tiempo, por minuto, mueren de hambre o de alguna enfermedad curable quince niños.

-¿Pero no siente que recuperar ese arco iris es como ir a una pelea condenada o pautada de antemano al knock out?

-No, porque creo en la fe de la condición humana y en esa fiesta que puede ser la vida, arruinada por los amos del mundo, pero que sigue siendo una fiesta posible. Por eso todo lo que escribo está impregnado en esa fe en el otro, de lo contrario sería lúgubre, sería pura denuncia. Si uno ama de veras la vida es lógico que combata a lo que se opone a que la vida florezca. Sería muy hipócrita que yo propusiera la vida como una fiesta sin oponerme a los enemigos de esa fiesta.

-El año pasado se cumplieron cuarenta años de la edición de “Las venas abiertas de América Latina” y en éste se cumplen los treinta de “Memoria del fuego”, dos de sus títulos más emblemáticos. Sin embargo, hace poco usted dijo que con “Las venas…” le pasa lo mismo que a Quino con Mafalda…

-Es que uno siempre tiene orgullo de sus hijos pero a veces los querés agarrar del cuello. Es decir, para mí es una satisfacción enorme haber escrito un libro que sobrevivió a más de una generación y que sigue estando vigente, pero a la vez me genera una enorme tristeza porque el mundo no ha cambiado en nada. Para mí sería mejor que ese libro estuviera en un museo de arqueología junto a las momias egipcias, pero no es así. La gente, no toda pero mucha, me identifica con ese libro y eso es como si me invitaran a morir. Es como si no hubiese escrito nada más desde la década de 1970. Y no es así, después de eso escribí mucho y cambié mucho. Pero bueno, es un libro que corrió con distintas suertes: perdió el concurso de Casa de las Américas, la primera edición nadie la compraba y así anduvo más de un año. Todo hasta que la dictadura militar me hizo el inmenso favor de prohibirlo, y no hay mejor publicidad que la prohibición. Otra de las paradojas que tuvo Las venas… fue que en Uruguay entró libremente en las prisiones militares durante los primeros seis meses de la dictadura. Los censores no entendían un pito y creyeron que era un tratado de anatomía, y como los libros de medicina no estaban prohibidos, Las venas… entró. Eso fue hasta que alguno se despabiló y dijo que había que quemarlo.

-Y “Memoria del fuego” es, por lejos…

-El esfuerzo mayor.

-Y una obra…

-Muy ambiciosa.

-Y bien lograda.

-Bueno, creo que al menos no fue un fracaso, que valió la pena. Me llevó diez años de trabajo y en total mil páginas que abarcan toda la historia de América vista desde el ojo de la cerradura. Mejor dicho, la historia grande vista desde las historias chiquitas. Ese libro fue el que me abrió el camino que después desarrollé en Patas arriba , Bocas del tiempo , Espejos . Un camino en el que tengo la certeza de que el internacionalismo vale la pena. No la globalización, porque se confunde cada vez más con la dictadura universal del dinero, pero sí el internacionalismo en el sentido de que puedo ser compatriota de otra gente nacida en otro suelo muy distante del mío y de que puedo ser contemporáneo de gente nacida en tiempos remotos.

-Diez años y mil páginas. Eso hace 30 años. Imagino que debe haber implicado un esfuerzo enorme, al menos en lo que se refiere a documentación e investigación.

-Sí, porque fue escrito en una época en la que no existía Internet. Es decir, yo estaba condenado a vagar de biblioteca en biblioteca, tomando apuntes. En eso el exilio me ayudó, porque a pesar de que la dictadura uruguaya me negaba el pasaporte, viajaba con uno que había conseguido de Naciones Unidas, que era un pasaporte con dos rayitas negras, que era el que se usaba para los terroristas. Imaginate, siempre me sacaban de la fila, pero peor era nada. Con eso conseguí viajar mucho y participar en actos solidarios a beneficio de las familias de los prisioneros políticos latinoamericanos. Eso me obligaba a andar mucho y en cada destino encontraba justamente lo que no había buscado.

-A propósito de este periplo junto a familiares de desaparecidos y detenidos políticos, ¿cómo ve la paradoja de que haya sido el presidente José Mujica quien haya tenido que asumir la responsabilidad del Estado por la desaparición de María Claudia García de Gelman?

-Me pareció un buen discurso y además, lo que hizo el gobierno de Uruguay fue cumplir con una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Pero eso es una cosa y otra es confundir las barbaridades que pudieron haber cometido o no grupos guerrilleros. Para mí no se puede confundir esto con el aparato feroz que montó el terrorismo de Estado en nuestros países al servicio del mercado común de la muerte. Dicho sea de paso, en Los hijos de los días hay una historia que me contó Macarena Gelman y que yo la escribí con su permiso, que es la historia de sus pesadillas. Una historia muy terrible pero de una rara hermosura, porque se trata de una continuidad entre una madre y su niña que sueña las pesadillas que su madre había vivido mientras la estaba modelando en su vientre.

-Antes de comenzar la entrevista dijo que “Los hijos de los días” tuvo once versiones y que fue Helena Villagra, su mujer, la lectora más cariñosa e implacable del libro. ¿Qué lectura hace usted de sí mismo?

-La de mi vida, porque mi vida está en los libros que escribí.

-Pero antes dijo que si lo recuerdan sólo por “Las venas…” es como si lo invitaran a morir. En este sentido, dado su trayectoria y reconocimiento internacional, ¿ha tenido muchas propuestas de contar su vida?

-Sí, muchas, pero vuelvo a decir lo mismo: mi vida está en los libros que escribí y en los que voy escribiendo. Para mí una biografía o autobiografía sería redundante. Me aburriría. Yo, como tema central, me aburriría. A mí me gusta más sentir que formo parte de algo más tentador, más confuso, más amplio, hondo y contradictorio que yo mismo.

-¿Qué cosa que sabe que hizo mal o que fue mal vista por los demás volvería a repetir?

-No, eso no te lo podría decir, sobre todo porque no me he puesto a hacer ese tipo de balances. Viví la vida que viví y la sigo viviendo con sus luces y sus sombras. Sinceramente no puedo distinguir una frontera nítida en la que haya guardias aduaneros que controlen el paso de lo que estuvo bien o mal, ni cuál es la zona de los errores y cuál la de los aciertos. No sé cuál es mi cielo ni mi infierno porque esas discusiones no coinciden con la realidad que conozco. El cielo y el infierno están dentro de nosotros mismos y cada uno sabe cómo manejar cuando uno u otro se desata.

-Según “Los hijos de los días” el tiempo funda el espacio, somos hijos de los días pero sobre todo del tiempo. Luego de tantos cielos e infiernos, ¿qué le pediría al tiempo?

-No te podría contestar eso… Nada. No sé. Quizá me suscribiría a una frase de Rita Levi Montalcini, esa mujer que en los tiempos duros de la dictadura de Mussolini estudió las fibras nerviosas y lo hizo escondida en el baño de su casa. Años más tarde, en 1986, recibió el Premio Nobel de Medicina y dijo: “El cuerpo se me arruga, pero el cerebro no. Cuando sea incapaz de pensar, sólo quiero que me ayuden a morir con dignidad”. ¿Qué es lo que yo le pediría al tiempo? Eso, que me permita morir con dignidad.

POR DANIEL VIGLIONE

Revista Ñ

Exposición de manuscritos y fotografías en la sala audiovisual de la Biblioteca Luis Ángel Arango; curaduría de Luis Ospina; extenso artículo de Sandro Romero en el número 126 de la revista El malpensante; reedición, esta vez en el sello Alfaguara, de ¡Que viva la música! La enumeración fácilmente podría superar las palabras de esta diatriba. Haciendo caso omiso a mi aspecto de buitre, pelear con los muertos no ocupa un renglón de mi agenda. Sin embargo, algo entre las bambalinas del boom caicediano siembra, cuando menos, sospechas. Quizá la cuestión radica en el manejo dado por los deudos a los despojos de los artistas, sean los huesos o las hojas dejadas en una gaveta. Trátese de la viuda de Roberto Bolaño, la de Borges o los albaceas de contra quien va dirigido este texto, para el caso da igual, los herederos transforman el legado del difunto en una marca de moda, en el seductor clic de máquinas registradoras.

A pesar suyo, mas gracias a sus pocos buenos amigos, Andrés Caicedo pasó de malogrado escritor y prematuro suicida —¿cuál no lo es?— a estandarte de una generación que a punto estuvo de darles un vuelco a las instituciones sociales, pero a la postre resultó acomodada en la burocracia antes blanco de escupitajos y pedradas. Sobre el caleño se ha dicho mucho, la mayor parte de lo cual no resiste un examen minucioso, como a menudo sucede con las leyendas mediáticas. Por ejemplo, la diadema de inventor de la narrativa urbana en Colombia ciñe la melenuda testa del creador de Ojo al cine. Sus personajes, dicen los misarios de la liturgia caicediana, están desgarrados por la disyuntiva de aquello que de ellos se espera y sus reales ambiciones. O el socorrido mantra de intelectuales de naricilla respingada y calculada marginalidad: por fin alguien le dio respiración boca a boca a la momificada novela de esta esquina del continente.

A lo anterior, contesto en orden: Cali es apenas la escenografía de los relatos del cinéfilo, no su núcleo. El Madrid de la posguerra es el centro discursivo de La colmena; Bogotá, al menos la maltrecha red vial, es la médula de Ciudad Baabel; el D.F. es la nuez de La región más transparente. La urbe deja de ser escenario y cobra la dimensión de personaje principal cuando los pequeños dramas de los habitantes pasan a un segundo plano y sirven de pretexto para captar las vibraciones del fenómeno citadino. Nada de eso ocurre en los libros de Caicedo.

Segundo, la desazón existencial de los jóvenes de los años maravillosos, y utilizo la cursiva en una expresión que adquirió con el tiempo ropaje de cliché, es el resultado, entre otras cosas, del triunfo de un modelo socioeconómico basado en la producción y el consumo, y de las secuelas de la conflagración europea de los cuarenta. Eso en la cuna del rock: Inglaterra y EE.UU. En Colombia el diagnóstico es completado por las cientos de matanzas elevadas a la categoría de guerra por nuestra proverbial costumbre de creer que cambiándole de rótulo el problema pierde virulencia. Con esas coordenadas, entendemos de dónde viene la angustia sin matices no sólo de Andrés sino de un no menor número de artistas coetáneos. Además, la declaración de la juventud como umbral de una muerte digna, amén de típica bravata adolescente es un pastiche de la afirmación del personaje de un filme de Nicholas Ray y del famoso aparte de una canción de The Who. La canonización del muerto por propia mano es una estupidez sólo comparable con su total defenestración. El suicidio no mejora la obra ni la enturbia.

Tercero, la salud de la novela colombiana del siglo XX es envidiable. Además del fenómeno García Márquez, del ecuador de la centuria hasta los ochenta proliferan trabajos de registros interesantes. Baste mencionar los nombres de Fanny Buitrago, Gustavo Álvarez Gardeazábal, Umberto Valverde, Germán Espinoza y Óscar Collazos. En síntesis, Caicedo merece un puesto en los manuales de literatura colombiana —no un capítulo ni una nota pie de página; ojalá un párrafo no escrito por Sandro Romero—, pero lejos está de ser el ábrete sésamo de una tradición valiosa incluso si de él prescindiera.

Así como el destino de Bolívar es eficaz metáfora de la suerte de América Latina —cada quien usa a su antojo la proclamas del prócer, desde el bufón de Chávez hasta los no menos risibles patriarcas del conservadurismo—, Andrés Caicedo ilustra el saldo de los sesenta en Colombia. Lectura obligada en colegios y universidades, santón de una hornada de angelitos con el destino reluciente de Master Card, ícono vendido a cuentagotas pero con pulso firme, rebelde bien visto por el establecimiento literario, alma y nervio del interesante y ya vetusto Caliwood, Caicedo, al menos su póstuma celebridad, es el fruto de una cruzada publicitaria de familiares y amigos. A fin de cuentas, el anzuelo propagandístico en torno a su silueta consiste en asimilarla con un contexto histórico de utopía y drogas. De esa forma, como por arte de magia, la alusión al nombre de Caicedo de inmediato conduce a la época en la cual Ricardo Ray no era un nostálgico pastor protestante y la delincuencia tenía el rostro de James Dean y no el de un pistolero narcotizado.

Una facción de herejes propuso una interesante variación de la doctrina oficial del cristianismo: Jesucristo es la creación suprema de Pablo de Tarso. Aprovechando el cese de actividades del Santo Oficio, concluyo con una parodia de la sacrílega tesis: Andrés Caicedo es tal vez la mejor invención de la mente de Sandro Romero y, en menor medida, de la de Luis Ospina. De hecho, el asunto traspone los umbrales del chiste. El paralelismo entre Pablo de Tarso y Sandro Romero merece el calificativo de sorprendente. Ninguno conoció en persona a Cristo o a Caicedo, no obstante escribieron hasta la extenuación sobre el uno, el primero, o el otro, el segundo. Sin el denuedo apostólico de Pablo y Sandro, Jesús habría sido un sedicioso más, crucificado por los romanos, y Andrés, otro joven burgués con veleidades de genio a quien se le fue la mano con la dosis de calmantes.

Ángel Castaño Guzmán/Especial para El Espectador | Elespectador.com

Puebla.- En entrevista con Clarín.cl Orlando Vázquez Marín (1953), médico cirujano urólogo, analiza el expediente clínico de Neruda: “Es desorbitado el diagnóstico de caquexia cancerosa, no va de la mano con lo que sucedía en la realidad, el paciente ingresó a la clínica con un cuadro de infección en las vías urinarias, como lo demuestran los análisis generales de orina que tiene: 1,000,000 de colonias activas de gérmenes negativos klepsiella. Las molestias que padecía el poeta eran secundarias a la infección urinaria, inclusive debió sufrir un cuadro febril, si en algún momento comenzó a hablar incoherencias o delirar, no dudo que tuviera fiebre. Es raro que en dos días un paciente muera por una infección, a menos que sea una septicemia muy severa, pero si Neruda estaba internado los médicos debieron darse cuenta de la sepsis”.

 

Médico general por la Universidad Autónoma de Puebla (UAP), con postgrado en cirujano urólogo por el Centro Médico Nacional La Raza (México), Orlando Vázquez Marín cursó el magíster en investigación y ciencias médicas (UAP) y realizó dos estancias académicas en Estados Unidos: en urología oncológica (Centro Médico Internacional de Detroit, Michigan) y en urología (Hospital Mercy de San Antonio, Texas). En la actualidad es Jefe del Servicio de Urología del Centro Médico Nacional Manuel Ávila Camacho (Puebla) y prepara una tesis universitaria sobre la muerte y poesía de Neruda.

El poeta Víctor Toledo dirige la tesis del doctor Orlando Vázquez: “Le pregunté si podía ayudarme a trabajar en el proyecto de mi tesis, no tenía idea que el doctor Víctor Toledo había escrito un libro sobre Neruda en México, entonces me sugirió hacer una amalgama entre el cáncer de próstata y la poesía de Neruda, para ver qué se podía rescatar, y qué se expresa a partir de la sincronicidad. Mi proyecto de tesis puede tener varias salidas, una es el aspecto netamente literario; otra vertiente sería dedicar mi tesis a los médicos, porque si leyeran la poesía de Neruda en su contexto, podrían responder de distinta forma cuando los enfermos de cáncer dicen: ‘me estoy muriendo’, así los colegas oncólogos y urólogos sentirían mayor empatía con sus pacientes”.

MC.- Doctor, además de la especialidad en urología, ¿por qué decidió estudiar literatura hispanoamericana?

OV.- La verdad es que siempre he estado inclinado por la literatura, fui un admirador de Jaime Sabines, y por alguna circunstancia Pablo Neruda fue uno de mis poetas predilectos, hace tiempo encontré en el mercado de pulgas una pequeña estatua alusiva a Neruda, tenía escrito algo en referencia a sus poemas: “solamente escuchaba el ruido de las hojas y era la poesía que lo llamaba”. Mi afición por la literatura es muy importante en mi vida, escribí un libro sobre poesía, quise terminar mi ensayo sin tener el menor acercamiento con alguien que dirigiera mi tesis, me atreví a mostrarlo en la universidad, pero les ha parecido un libro ligero sin mayor trascendencia. De ahí nació la inquietud de inscribirme en la carrera de literatura hispanoamericana y mejorar mis interpretaciones sobre la poesía.

MC.- Neruda vivió momentos cruciales del siglo XX, su biografía itinerante lo llevó a Oriente, prácticamente conoció toda América, Europa y la Unión Soviética, ¿por qué eligió investigar los últimos años de Neruda para su tesis?

OV.- Cuando descubrí a Neruda me pareció un poeta universal, que prácticamente abordó los grandes temas de la humanidad, habló de los derechos humanos, se interesó en las etnias, luchó por la República de España, rescató a los caídos de la Guerra Civil española, anidó las causas de la izquierda. Cuando encontramos a un ícono que habla de las inconformidades y se manifiesta en una forma maravillosa como Neruda, nos impacta y obliga a leerlo para conocerlo más. Acercarse a un poeta como Neruda no es fácil, da miedo acercarse a una persona que verdaderamente es un titán, uno se siente pequeñito al revisar sus Obras Completas. Pero Miguel de Unamuno dijo: “la poesía ahí está y es para todos, para quien la toma”.

MC.- Doctor, en lugar de acercarse a la vida de Neruda, estudiará la poesía en la víspera de su muerte, ¿cómo abordará los libros póstumos de Neruda?

OV.- Intentaré relacionar el sufrimiento de Neruda con su última poesía melancólica, porque los médicos olvidamos al ser humano y vemos a los enfermos como algo ajeno, los paciente son los de enfrente. La profesión de la medicina tiende a la deshumanización, hace unos meses durante un congreso de urología llevé un adelanto de mi tesis y todos los colegas quedaron asombrados con la novedad, opinaron que era una antitesis de lo que hacemos, nadie se fija en la realidad del paciente, siempre hablamos de los hallazgos de la medicina y los cambios en los métodos quirúrgicos, pero nunca de los pacientes. Hablar de Neruda y su enfermedad me permite enseñarles a mis compañeros de especialidad que la deshumanización es un gran problema al ejercer la medicina.

MC.- El biógrafo y amigo de Neruda, Volodia Teitelboim escribió que Matilde Urrutia trató de ocultar el diagnóstico de cáncer al Nobel chileno, coincide el relato de Jorge Edwards en “Adiós, poeta”. ¿Neruda no estaba conciente del cáncer que padecía?

OV.- Neruda era una persona muy inteligente, y no se le puede mentir en un diagnóstico a una persona inteligente, mucho menos en los nosocomios europeos, como el Hospital Cochín de Francia, donde por regla cualquier diagnóstico debe ser conocido por el paciente. Cuando regresa a Chile el diagnóstico es definitivo: cáncer en la próstata. Es imposible pensar que el poeta no estaba conciente del problema que lo atacaba y que a la larga le provocaría la muerte.

MC.- ¿Identifica una ruptura en la poesía de Neruda después del diagnóstico de cáncer?

OV.- Los ojos con los que miran los poetas no son los mismos de nosotros, yo soy un urólogo y veo a los pacientes con cáncer de próstata, ahora me puedo imaginar a Neruda, su sufrimiento y la forma de afrontar el problema, no es fácil asimilar la idea de que padeces cáncer y echar las campanas a vuelo. Qué pasa en la poesía, si revisamos los libros: El corazón amarillo, Geografía infructuosa, Elegía y 2000, se nota cierto grado de tristeza y soledad, incluso de despedida. El corazón amarillo representa la parte fundamental de la vida, pero con ese color tiende a declinar la esperanza de vida, en el poema: Sin embargo me muevo habla de su enfermedad, se refiere a una “próstata melancólica y los caprichos de mi uretra”.

MC.- Faltan varias piezas del rompecabezas en el expediente clínico de Neruda, pero en su opinión profesional, ¿qué expectativa de vida tiene una persona con el diagnóstico de cáncer de próstata?

OV.- Viendo las fotografías de Neruda –en julio de 1973-, analizando los exámenes de laboratorio que tengo a la mano y la ficha de radioterapia que menciona un ciclo de 56 sesiones, cabe señalar que sólo irradiaron una parte del cuerpo de Neruda, es decir el sitio de la próstata y de la pelvis del lado derecho, se puede pensar que es un cáncer controlado, no se trata de una enfermedad invasiva a todo el cuerpo, de lo contrario hubiera sido irradiado en la columna y algunos otros huesos del poeta. Por lo menos, con las piezas del rompecabezas que tenemos, concluyo que es un cáncer controlable, con un Estadío D que es invasivo, pero no a todos los huesos de la economía, estaríamos hablando de una supervivencia de 5 o 6 años sin mayor problemas, incluso sin recibir tratamiento, hay estudios norteamericanos que recomendaban la observación y la espera, a varios pacientes les fue bien, a otros no, participaron en el estudio pacientes con estadío avanzado, en los cuales la supervivencia fue de 5 a 6 años, sin recibir ningún tratamiento de radioterapia o quimioterapia, y sin necesidad de pasar por el quirófano.

MC.- El certificado de defunción de Neruda afirma que la causa de muerte fue “caquexia cancerosa”, ¿qué piensa al respecto?

OV.- En lo particular pienso que es desorbitado el diagnóstico de caquexia cancerosa, no va de la mano con lo que sucedía en la realidad, el paciente ingresó a la clínica con un cuadro de infección en las vías urinarias, como lo demuestran los análisis generales de orina que tiene: 1,000,000 de colonias activas de gérmenes negativos klepsiella, seguramente todas las molestias que padecía el poeta eran secundarias a la infección urinaria, inclusive debió sufrir un cuadro febril, si en algún momento comenzó a hablar incoherencias o delirar, no dudo que tuviera fiebre. Es raro que en dos días un paciente muera por una infección, a menos que sea una septicemia muy severa, pero si Neruda estaba internado en la Clínica Santa María desde el 19 de septiembre, los médicos debieron darse cuenta de la sepsis, el diagnóstico de caquexia no corresponde con lo sucedido.

MC.- ¿Descartaría la teoría del presunto asesinato de Neruda?

OV.- Es difícil tomar partido, no teniendo todas las piezas del rompecabezas es complicado hacer un diagnóstico en veracidad, actualmente hablamos de medicina basada en evidencias. Yo me quedaría con la duda de saber exactamente de qué murió Neruda, pero lo que sí sé es que no hay fundamentos clínicos para establecer el diagnóstico de caquexia, habrá que pensar qué sucedió esos días: el cáncer estaba controlado, con una infección asociada que lo llevó probablemente al hospital y un dolor articular en la cadera, pero es difícil saber con exactitud la causa de la muerte.

MC.- ¿Cómo saberlo?, ¿la exhumación daría los resultados?

OV.- Todo comienza por lo más sencillo, en este caso sería acudir a la ficha hospitalaria, el expediente clínico es el parteaguas del caso, si lo tuviéramos sabríamos la evolución del paciente y las anotaciones de los médicos y enfermeras. Llevar a cabo la exhumación para que los huesos del poeta nos revelen secretos será una verdadera odisea y no con muy buen resultado.

MC.- ¿En qué consistiría la necropsia antropológica para esclarecer el presunto asesinato de Neruda?

OV.- El análisis socio-antropológico trataría de establecer la etapa del cáncer de próstata que padecía Neruda. Identificaría los posibles tratamientos otorgados. Relacionaría la etapa del cáncer con el tratamiento para conocer los posibles errores o negligencias médicas. Realizaría un análisis del contexto de la época, antes y después del golpe de Estado de 1973. El Informe buscaría una conclusión: saber si el cáncer de próstata fue un factor de riesgo para sufrir infarto al miocardio. Y así ratificar o rectificar el cáncer de próstata como causa de muerte de Pablo Neruda, sin la exclusión de otros diagnósticos, ante la posibilidad de envenenamiento o una reacción alérgica a la Dipirona.

MC.- Según el médico Sergio Draper, ordenó aplicar Dipirona al paciente Neruda, y el chofer Manuel Araya insiste en denunciar que una inyección en el estómago causó la muerte del poeta. ¿La Dipirona aplicada en el estómago es un tratamiento usual para mitigar los dolores en pacientes con cáncer de próstata?

OV.- Lo importante sería saber por qué ordenó la inyección de Dipirona, si la indicó por dolor o por fiebre, después debería responder: por qué la indicó en el área abdominal, la Dipirona no es medicamento que se indique a nivel abdominal, el procedimiento es intramuscular, intravenoso o por vía oral. El abdomen no es un área recomendada porque hay mucha grasa, si se inyecta la Dipirona la difusión es más rápida y el riesgo de un choque alérgico es mucho más rápido, no es una vía que esté avalada por la literatura médica internacional, a cualquier médico le surgiría la duda: ¿por qué le inyectaron Dipirona en el estómago?, el uso de la Dipirona ha sido prohibido en Estados Unidos por la FDA (Agencia de Medicamentos y Alimentos).

MC.- ¿Incluirá en su tesis universitaria los resultados de la posible exhumación de Neruda?

OV.-Como veo la vida de Neruda desde su infancia, siempre estuvo influenciado por la simbología y esa simbología llegó hasta el día de su muerte, toda obra tiene una conclusión y de acuerdo a mi director de tesis –el doctor Víctor Toledo- si él considera prudente incluiré un capítulo sobre el presunto asesinato de Neruda, yo no tengo tantas tablas, sólo soy un cirujano urólogo –Jefe del Servicio de Urología del Hospital San José en Puebla-, dependo de la orientación de mi director de tesis.

MC.- El doctor Víctor Toledo escribió el libro: “El águila en las venas. Neruda en México, México en Neruda” (1994). ¿Lo buscó deliberadamente para la supervisión de su tesis?

OV.- Es algo circunstancial, Neruda siempre llamó mi atención, pero el día que le pedí al doctor Víctor Toledo que dirigiera mi tesis, él estaba impartiendo una cátedra sobre Octavio Paz. Me acerqué al doctor Toledo y le dije que me gustaría escribir sobre Neruda y le pregunté si podía ayudarme a trabajar en el proyecto de mi tesis, después me regaló su libro y vi que sabía más de Neruda de lo que yo imaginaba, no tenía idea que el doctor Víctor Toledo había escrito un libro sobre Neruda en México, recuerdo que me preguntó: “¿y usted a qué se dedica?”, entonces me sugirió hacer una amalgama entre el cáncer de próstata y la poesía de Neruda, para ver qué se podía rescatar, y qué se expresa a partir de la sincronicidad, la poesía es el locutor de la sincronicidad de lo que le sucedía a Neruda.

MC.- Finalmente, ¿editará un libro con la investigación de su tesis universitaria?

OV.- Mi proyecto de tesis puede tener varias salidas, una es el aspecto netamente literario, además podría estar dirigido a las personas que trabajan sobre la imaginación y la simbología. Otra vertiente sería dedicar mi tesis a los médicos, porque si leyeran la poesía de Neruda en su contexto, podrían responder de distinta forma cuando los enfermos de cáncer dicen: “me estoy muriendo”, así los colegas oncólogos y urólogos sentirían mayor empatía con sus pacientes.

Clarin.Cl

Pequeño Candidato.

Y si. 

Y si. 

Dan Didio, uno de los editores principales de la editorial dueña de personajes como Superman, Batman, Flash y la Mujer Maravilla, informó que en un número de revista de junio uno de los superhéroes dará a conocer su homosexualidad.

Como una manera de adecuarse a los nuevos tiempos y como forma de reconocer a la audiencia gay, la editorial DC Comics anunció que uno de sus superhéroes principales revelará su condición homosexual.

Así lo confirmó Dan Didio, uno de los editores de la firma dueña de personajes como Superman, Batman, Mujer Maravilla, Flash y Linterna Verde, al diario Huffington Post, aunque no reveló detalles.

La información fue ratificada también por Courtney Simmons, vicepresidente de publicidad de DC Comics, a ABC News. “Uno de los personajes más icónicos de DC revelará que es homosexual en una historia en junio”, afirmó.

LOS CANDIDATOS

La noticia dio cabida para que los fanáticos comenzaran a hacer sus apuestas para descubrir al personaje. Algunos candidatos del público son Aquaman, Dick Grayson (conocido también como el primer Robin y luego transformado en el superhéroe Ala Nocturna) y Martian Manhunter, conocido como Detective Marciano.

Cabe destacar también que la semana pasada Grant Morrison, guionista escocés de “Arkham Asylum”, una de las sagas más importantes de Batman, declaró que “la homosexualidad se construye en Batman. No estoy usando el término gay en un sentido peyorativo, pero Batman es muy, muy gay. Simplemente no hay que negarlo”.

OTROS SUPERHÉROES GAYS

Esta no es la primera vez que DC comics aborda la homosexualidad en uno de sus personajes.

La editorial ya había lanzado personajes como Voodoo, una mujer afroamericana bisexual con superpoderes, y Batwoman, que confesó su lesbianismo.

Mientras que Marvel, la editorial dueña de Los Vengadores, X-Men, Spiderman y Los 4 Fantásticos, anunció que prepara también para junio el casamiento gay de NorthStar, que tiene esta identidad sexual desde 1999.

por Nación.cl

En su nueva y voluminosa novela, 22/11/63 (editorial Plaza&Janés), el maestro del terror envía a su protagonista a viajar por el tiempo, hasta 1963, para que impida el asesinato del presidente norteamericano

 

El asesinato de Kennedy es el enigma por excelencia de la historia política contemporánea, sobre el que han corrido muchísimas interpretaciones. La mejor síntesis que conozco de ellas es la que brinda el periodista Robert Talbot en su libro La conspiración (Editorial Crítica). Para Talbot, tres complots diferentes confluyeron en el atentado: el de los mafiosos que no perdonaban la persecución a las que les sometió la administración Kennedy; el de los ultraderechistas del establishment, con tentáculos en el FBI y la CIA, que le odiaban porque les había puesto a raya varias veces, y el de los cubanos anticastristas que le consideraban un traidor por no apoyar el desembarco de Bahía de los Cochinos.

En su recién publicada reconstrucción del magnicidio de Dallas, 22/11/63, Stephen King pone a su protagonista a seguir los pasos del asesino Lee Harvey Oswald desde cinco años antes de que empuñe el arma. Su visión del tema parece esquivar las teorías conspirativas, y abonar, en cambio, la “aburrida” conclusión de la comisión Warren: el asesino actuó solo.

¿Cómo un rey de la imaginación fantástica deja pasar las hipótesis más literarias relativas a su gran tema de madurez? Entrevistado al respecto para el New York Times por el cineasta Errol Morris, el mismo autor de un documental sobre el asesor kennedyano Robert McNamara The fog of war, premiado con un Oscar) King señala -como hace también en el epílogo de 22/11/1963- que “al principio de la novela, un personaje dice creer en la autoría solitaria con un 95% de posibilidades. Tras leerme todo lo publicado sobre el tema, yo la aumento al 99%.”

Para el autor de Carrie, todos los relatos sobre el asesinato “cuentan la misma historia americana básica: he aquí un peligroso canijo sediento de fama (Oswald) que se encontró en el lugar adecuado para conseguirla”. Y remata, yendo a su terreno: “algunas de las teorías conspirativas han sido desmentidas, pero ninguna ha sido probada. Ocurre como con los ovnis: si existieran realmente, ¿cómo es que nunca ha aterrizado uno, ni han dado alguna prueba irreversible de su existencia?”.

Así las cosas, ¿por qué aún dudamos de la teoría del tirador solitario? La razón, según el escritor, es que al asesinar Jack Ruby a Oswald, “cerró su boca y lo silenció permanentemente”. Eso resulta bastante obvio. En su lugar, añade, un montón de testigos apuntan cosas contradictorias. “Y la única persona que podría decirnos lo que realmente ocurrió está muerta”.

Al final, sin embargo, reconoce que la respuesta al enigma del magnicidio requiere nada menos que “un acto de fe”, y explica que su propia mujer (la del escritor) está a favor de las teorías del complot.

Leído su libro, y apreciado el esfuerzo narrativo, coincido con Tabitha King: incluso de la mano del maestro, la explicación del “canijo sediento” actuando en solitario sabe a poco, deja demasiados enigmas abiertos, y como hipótesis de trabajo, me siguen resultando mucho más convincentes las conjeturas conspirativas y el triple complot de Robert Talbot.

SERGIO VILA – SANJUÁN. La Vanguardia.

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Lo cierto es que la muerte se pasea por nuestro país. 

El parque de El Retiro acoge 356 casetas y 272 editores hasta el 10 de junio

Este viernes arranca la 71º edición de la Feria del Libro de Madrid, un evento que volverá a desembarcar en el parque de El Retiro de la capital con 356 casetas y 272 editores, y que contará en esta ocasión con Italia como país invitado. La feria podrá visitarse hasta el próximo 10 de junio.

En total, se celebrarán 250 actividades que se desarrollarán durante los 17 días que dura la feria, entre las que destacan encuentros con escritores como Eduardo Galeano, Francisco Ibáñez, Camilla Läckberg, Carlos Ruiz Zafón, Fernando Savater o Manuel Rivas, entre muchos otros. Las firmas de ejemplares se concentrarán durante los tres fines de semana.

Además, tendrán lugar mesas redondas, conferencias y debates o presentaciones de libros en las 356 casetas de esta feria, que contarán con 24 organismos oficiales, 11 distribuidores, 52 librerías generales, 66 librerías especializadas y 272 editores, de los cuales 175 son de Madrid. Según ha explicado este martes durante la presentación Teodoro Sacristán, director de la feria, el público infantil también tendrá su espacio en esta edición.

Por un lado, el pabellón infantil Libri per tutti hará visibles los libros populares de la tradición italiana, como ‘Pinocho’ o ‘Sandokán’, así como otras propuestas novedosas de autores más modernos, como Gianni Rodari y Bruno Munari. La Fundación Mapfre, por su parte, también dedicará un espacio a los más pequeños con un espacio para el que ha programado actividades dirigidas a fomentar la lectura y la cultura en general, como talleres relacionados con la literatura, pero también con el arte, la música o el teatro.

Bajo el lema de Italia, un país para leer, la Embajada de España y el Instituto Italiano de Cultura de Madrid han diseñado un programa en el que participarán 26 personalidades del mundo de la cultura y de las ideas de este país, como Claudio Magris, Príncipe de Asturias de las Letras 2004, Erri de Luca, Roberto Calasso, Corrado Calabrò, Chiara Gambernale o Emilio Coco.

La feria, patrocinada por el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad de Madrid y el Banco Sabadell, está organziada por la Asociación de Empresarios del Comercio del Libro de Madrid, la Asociación de Editores de Madrid y la Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones (FANDE). C

El encargado de diseñar el cartel en esta edición ha sido el artista madrileño Chema Madoz, según ha señalado este martes durante la presentación Pilar Gallego, presidenta de la feria y de la Asociación de Empresarios de Comercio de Libro de Madrid. Según ha manifestado, el fotógrafo ha recurrido a la figura del libro porque, en palabras de Madoz, “nunca se agota”. En referencia a la visibilidad del libro electrónico en esta feria, Gallego ha indicado que “no se da la espalda” a este soporte, sino que este encuentro está más enfocado a los libros en papel, así como al encuentro con los autores.

En este sentido, como presidenta de la Asociación de Empresarios de Comercio de Libro de Madrid, ha indicado que las librerías “han empezado a abandonar la venta del soporte de libro electrónico, porque cambia a una velocidad rápida”. En cambio, las apuestas están dirigidas, ha dicho, a trabajar en “plataformas de difusión de contenidos”.

En cuanto a los datos de 2012, ha indicado que, aunque aún no se pueden facilitar datos, la venta de libros en el último trimestre ha descendido y se ha registrado una gran devolución de los libros a los almacenes.

Madrid. (EUROPA PRESS